I'm like a bird
El sueño de conocer a Nelly Furtado vs. el sueño de volar.
¡Hola, amiwa! 🧡 Soy Sofía, escritora, guionista y poeta. Un poco mocatriz de las letras. 💅🏼
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Era lo normal entonces.
Las madres se ponían Camela mientras hacían la faena. No había cumplido diez años y los sábados si pisaba la casa de alguna amiga olía a amoniaco perfumado y de fondo sonaba Su corazón, es indomable y no me quiere.
Me gusta la sensación que da un espacio limpio, pero el proceso de limpiar lo odio. Parar mi rutina, parar el libro. Podría estar más tranquila, más tumbada, más sociable, pero estoy aquí pasándole un paño al váter.
Después de haberme leído Hábitos Atómicos –primero de propósitos de año nuevo– y de pensar en encadenar algo que no te guste con algo que sí, hee decidido ponerme un podcast mientras limpio. Hace unos años era Estirando el chicle, me echaba unas risas. Ahora me pongo Call her daddy, con sus entrevistas poperas –algunas son geniales, la de Michelle Obama fue muy panfletaria– y su cotilleo de detrás de bambalinas.
Me topé con la entrevista a Nelly Furtado. Os la dejo por aquí por si también estáis sin contenido en vuestros ratos de hacer la faena:
Nelly cuenta muchas cosas interesantes: cómo empezó en la industria superjoven, cómo lo empezaron a petar sus canciones –algunas dedicadas a aquel ligue– o lo que significaron algunas canciones como la mítica de Timbaland, Promiscuous Girl.
Si algún día conociera a Nelly Furtado –ya hemos hablado del carácter mágico de esta newsletter, así que por pedir que no sea– le contaría que casi casi fui a verla a Eslovenia cuando vivía en Trieste, que unos amigos hicieron autostop para ir a verla y me dijeron que me uniera, pero al final no lo hice, y eso, trece años después, todavía me pesa. También le contaría que tardé años, ¡años! en encontrar que la canción Turn off the lights era de ella, de hecho tuve que esperar que existiera una aplicación estilo Shazam para poner la canción, que salía en un capítulo de Rebelde Way.
Y también le contaría que su canción I’m like a bird me ha hecho inmensamente feliz en los últimos veinte años. Que la he cantado en el coche con mi madre, en las sesiones de maquillaje prefiesta en los 2010, incluso trabajando mientras mandaba correos.
A veces, cuando termino con el último estribillo –es muy alto, no llego– pienso de verdad con lo guay que estaría volar. Que fuera cuestión de arrancarse y alzar los brazos para coger perspectiva, salir y respirar, respirar mucho.
Ojalá ser un pájaro y cantar a la vez. Y que se te metan las nubes en la garganta y pensar en las ideas desde allí, hacerlas más minucia. Quitarles importancia porque qué más son que un trocito ahí abajo. Una migajita más.
Pero mientras me quedo con los vuelos, con el asiento con ventanilla, con el imaginar qué pueblo será ese de ahí abajo, qué pasará en esa calle principal.
¿Escucharán allí también a Nelly Furtado?



